17.8.15

Get over it

Para la gente que me conozca, saben que hay pocas cosas que me enfermen más que las personas que se la pasan hablando de lo maravillosa que es su vida privada en internet.

Me cagan. Entiendo muy bien la necesidad de gritar al mundo cuando te ocurren cosas buenas. Es bien bonito compartir momentos especiales. Cuando te casas (si lo hiciste convencido), cuando tienes un hijo, cuando terminaste la universidad, cuando estás comenzando una nueva relación, compraste una casa, comenzaste a vivir solo, etc. Lo que no entiendo es esa necesidad enfermiza de estar compartiendo cada detalle de tu vida, cada momento, cada parte. La gente que se dice en público "amooooooor, checa si ya mandaron gas a la casa" u "hooooy pasa el de la basura ¡te amo puchurrumina!" Parece que lo hacen para que todo mundo envidie sus relaciones perfectas y su vida impecable.

Me pasa lo mismo con la gente que solamente comparte desgracias. Esas personas que se la pasan informando lo infelices que son, lo mucho que sufren y cómo nadie los quiere. Igual, entiendo la necesidad de descargarse, de dejar salir todo eso que nos angustia. Lo que no comprendo es la necesidad de hacerlo constantemente, de tirarte al suelo para que te recojan ¿por qué no se guardan algo para ustedes? Finalmente, a un montón de gente no le importa un carajo lo que estén sintiendo. Muchas veces fingen ese interés y nada más. Créeme: no tienes que hacer un drama en internet para que se acerque a ti la gente a la que sí le importas.

Ese interés fingido es algo que aprendí a punta de madrazos. Por eso valoro tanto mi vida privada. Aprendí a compartir solamente algunas cosas y dejar reservados para los más cercanos los detalles de mi vida personal. Y eso solamente en las ocasiones que quiero. Mis papás no saben todo sobre mí, no actualmente. Ni mis hermanos, ni mis mejores amigos. Para mí eso ha funcionado, eso está bien, así me he sentido mucho más cómodo. Es raro que pueda abrirme por completo, y actualmente eso pasa nada más con una persona: la güerita con la que comparto mi vida. No entiendo la necesidad de regodearse en recuerdos horrorosos y en estar volviendo a un pasado que ya superaste (como espiar a tus ex parejas o, peor aún, a las ex de tu pareja actual), ni de dar explicaciones a los demás por tus acciones. Si no lo hago con mis padres ¿por qué debería hacerlo con amigos o, peor aun, que sea algo del dominio público?

"La memoria es muy traicionera. De momento te encuentras perdido en un carnaval de delicias, con aromas intensos de tu niñez. Pasas a tu pubertad con todas sus cursilerías sentimentales. Y de pronto, te lleva a un lugar donde no quieres estar... Un lugar oscuro y frío, lleno de formas ambiguas y terribles. Son las cosas que deseas poder olvidar, y que sin embargo no puedes. Los recuerdos pueden ser unas bestias viles y repulsivas". 

El año pasado fue algo lleno de momentos intensos,  muy felices y algunos dolorosos a la vez. Afortunadamente siempre fueron más los felices. Y ahora que estoy a punto de que algo vuelva a transformar mi vida (que de por sí ha estado en cambio constante los últimos dos años) quiero aclarar algunas cosas.

Normalmente les diría que esto no podría valerles más madre.

Pero hoy no. Hoy, por respeto a mi nueva familia (y a mí mismo), quiero que sepan cosas que tal vez no conozcan de mí.

Mi nombre es Abraham (oh, big surprise). Tengo 32 años. Nací en México, específicamente en esa masa urbana conocida como Distrito Federal. Estudié arquitectura (para esas personas que creen que su profesión u oficio es lo único que los define) y trabajo en valuación inmobiliaria desde hace ocho años, más o menos.

Soy padre de un maravilloso niño de casi dos años.

Con la madre de ese niño tuve la relación sentimental más larga (y tormentosa) de mi vida. Estuve casado con ella prácticamente cinco años. Ya no lo estoy. Entre octubre y noviembre de 2013 (a los pocos días del nacimiento de mi hijo) estalló una situación horrible entre ella y yo, que fue la culminación de muchos problemas sin resolver, resentimientos, reclamos y fallas acumulados a lo largo de mucho tiempo. ¿Que si me duele que haya sucedido justo cuando tuvimos un bebé? Por supuesto. En un mundo ideal, mi hijo hubiera tenido la oportunidad de tener a su padre viviendo en la misma casa que él. Leo era demasiado pequeño para dejarlo al cuidado diario de su madre todos los días y viví por un tiempo más en esa casa, sin estar realmente viviendo ahí. El tiempo que no estaba fuera de ese lugar lo pasaba exclusivamente con él, atendiendo sus necesidades lo mejor que pude, cuidándolo mientras dormía, jugando... y evitando a su madre (excepto en los asuntos indispensables). En agosto del año pasado vino el proceso "formal" de separación, y en mayo de este año un juez dictó una sentencia sobre pensión alimenticia, porcentajes y todas esas cosas. Ella es una mujer muy difícil, con muchos problemas sin resolver, que yo ya había dejado entrever aquí.

No podría sentirme más orgulloso de Leonardo. Es un niño sano (lo más sano posible a una edad en la que tienden a enfermarse de todo), guapo e inteligente. Es un poco tímido y le falta socializar más (entre otras cosas, porque su madre no quiere tenerlo en una "terrible" guardería a pesar del mucho bien que le haría a él e incluso a ella). Sigue siendo difícil verlo con la frecuencia que yo quisiera por muchas circunstancias: mis horarios de trabajo (que a veces incluyen viajes), el carácter de su madre, las salidas de ella misma a otros lugares, falta de coordinación (o sea, que no responda llamadas o se la pase chingando en mensajes), las mismas distancias en la ciudad (¿han intentado cargar a un bebé en transporte público abarrotado y con una mochila o pañalera al hombro?) y otras circunstancias o personas que también me han dificultado hasta cierto punto el verlo. Pero siempre que tengo la oportunidad, lo hago. Es un niño feliz a pesar de todo. Creo que es mucho más feliz así de lo que sería si viera a sus padres pelear todo el tiempo. Claro que me encantaría estar diario con él, jugar todos los días; pero no se puede ni se podrá, y es mejor así. Es lo mejor que puedo hacer en las circunstancias actuales.

Yo soy muy fatalista y cuando supe que ya no podría (ni querría) vivir más con mi ex imaginé un escenario terrible donde yo viviría para siempre solo, sin ninguna otra pareja jamás. Y sin esperarlo, sin planearlo o imaginarlo siquiera, llegó ella. Y todo fue pasando y se fue acomodando de una forma tan natural que prácticamente no me di cuenta. Con paciencia, con amor, con cuidado, sentí que podía querer y amar a alguien de ese modo otra vez. Me hizo recuperar la confianza en mí, porque tiene un corazón enorme y capacidad para comprender.

Es la persona más importante de mi vida. Vivimos juntos, compartimos muchas cosas juntos (entre otras cosas, dos gatitos y un perro que adoptamos)... y estamos a punto de ampliar esa familia.

Eso será tema de otro texto que no sea tan duro como éste (upcoming, stay tuned). Pero puedo adelantarles que pensar en eso me da una felicidad muy grande :)

Este texto fue escrito para ambos, para ella y para él, por ser el sustento de mi vida.

Y creo que ésta ha sido una de las confesiones más amplias que he hecho en público. Y esa es la intención: este es el lugar más público que tengo, abierto a todo el mundo, y donde más gente puede leer y saber esto.

Ahora lo saben de primera mano. Nadie les contó nada. Dejen de inventar chismes pendejos o hacer como que no saben (o sabían) algo. Get over it.




Demasiada vida privada mía se está volviendo pública hoy y aún me sigue costando trabajo escribir sobre eso. Así que ahora lárguense de mi patio. No me obliguen a sacar la escoba.

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