El anterior post fue el número 10 en la corta historia de un mes en activo de este blog; muchos tankius por sus comentarios; ahora si gracias a ustedes el bló ya rebasó las 1000 visitas en un mes:
¿Qué, creían que no tenía contador? Soy demasiado ególatra como para no tenerlo; solo que es para mi regocijo narcisista personal; los contadores de visitas a veces se me hacen muy faroles y algunos son muy inexactos; cuentan como visita hasta si se para una mosca en el monitor. Por eso contraté los gratuitos servicios del google analytics; es una preciosidad de la que espero hacer un post cercano al respecto.
Han de saber, respetabilísimos lectores (sarcasmo) si no se han dado una vuelta por lo poco que hablo de mi augusta persona en mi perfil, que además de estar interesado en arquitectura, música y literatura (arte, así como que en general goeiii, ¿si sabes, no?) porque soy así como que bien alternativo y todo ese pedo, me gusta mucho todo lo relacionado con la ciencia. La verdadera investigación científica es de las cosas más apasionantes que existen; y sobre todo si te encuentras con un experto que realmente le guste su trabajo y tenga un gran interés en difundirlo al gran público.
Desde que pasé a formar parte del clan de los escépticos (hace unos 10 años) me he preguntado constantemente por que la gente necesita de sucesos sobrenaturales para sorprenderse o darle cierta emoción (pero dulcificada y segura, plis) a sus vidas mediante la contemplación/admiración de sucesos “sobrenaturales”. Uno de los adjetivos que más constantemente me aplican es el de “infantil” o algún epíteto parecido; eso me hace sentir bien porque no he dejado de sentir admiración por una hormiga arrastrando una miga de pan, la velocidad por la que viajan los pensamientos en el cerebro (bueno, en el de algunos no) y la tecnología y audacia que se requiere para construir un rascacielos; la primera vez que observé la luna por un telescopio fue mágico. La relatividad es algo alucinante; la física es de las ramas de la ciencia mas apasionantes y extrañas a la vez; maravillas biológicas y astronómicas, ¿Qué mas quieren, chingao?
Cuando era un joven e imberbe mozuelo y mis abnegados padres buscaban la manera de separarme de las caricaturas del televisor y no lo conseguían, lo mejor que podían hacer era sugerirme otros programas, que por lo menos “me educaran” (así decían ellos, yo que, a mi no me digan nada). Aunque no teníamos cable y la opción era el canal 11; mas adelante compraron en formato Beta la serie completa de Cosmos… y se conformó en mi personita (porque todavía era tamaño pocket) un reconocimiento para esos tipos que se hacían llamar “científicos”. Carl Sagan era un anfitrión excepcional para la serie; y años después leí la “Guía para la Ciencia” y “La Receta del Tiranosaurio” de Isaac Asimov, y eso mismo me llevó a la ciencia ficción, género literario que me encanta.
La divulgación científica es un trabajo apasionante. Yo soy bien fan de Sagan, de Asimov y de James Randi, pa empezar; y pues hay muchos otros, como Suzuki, de los que también me gusta su trabajo. Cuando se empezó a instalar la televisión de paga aquí en la dignísima patria, llegaron opciones nuevas y muy interesantes: Discovery Channel y National Geographic eran así como que los non-plus-ultra, los chingones, y tenían buenos documentales. Pero no sé si solo soy yo y mi tendencia amarguista, pero me da la impresión de que cada vez se ponen pioooorrrrr.
La primera vez que tuve esa sensación fue en una de esas pocas ocasiones en que me puse a zapear (horrible pero existente verbo patrocinado por la real academia) y le puse al discovery; pensé “seguro aquí habrá algo bueno” y estaban pasando el caso de un “psíquico” (esos tarados que dicen que encuentran cosas con la mente y así) que según había encontrado un cadáver con sus poderes mentales otorgados por Satanás y el Monesvol (o algo así); pensé que seguiría una demostración de por qué eso no podía ser cierto o la falla en su método, pero no, el programa cerró con una reflexión cursisisísima y que pretendía crear “impacto ante lo desconocido”, supongo. Me asustó ver algo así en ese lugar, hasta pensé que se había cruzado con alguna presentación de nuestro fantoche favorito Carlos Trejo en TV Azcaca. Invoqué a Jebús y esperé tranquilizarme.
Pero era el principio: poco a poco se ha ido convirtiendo en esto:
De los otros canales “científicos” mejor ni hablo; el que se salva es National Geographic, y lo que quizá sea la peor aberración es Animal Planet; crecí viendo documentales merol donde se veía muy claramente como un pinche tigre cabrón destripaba a algún animalillo; en cambio en ese pinche canal solo se la pasan pasando programas donde vemos que lindos son los animales, concursos de perros y joterías similares; es una de las cosas más aburridas de la tierra (además odio profundamente a los PETA-nazis y todo lo relacionado con ellos). Aunque precisamente por eso tiene su lado bueno: resulta un excelente somnífero. También se salvaría History Channel, pero no es estrictamente un canal científico y luego tiene mamadas como “historia de las herramientas” que también es un excelente remedio contra el insomnio.
Las revistas están en las mismas: hace muchos años Conozca Más era una revista científicamente respetable (aunque se le iban muchas galeradas) pero de unos años para acá ha llegado a tener titulares tan profundos como “por qué nos comemos los mocos” o esta ultra mega mamada de portada:
Quo básicamente vale para pura madre también. ¡¡Y la Muy Interesante!! Cada vez dependen más de internet y ya ni revisan sus reportajes ni si las fuentes son correctas; era una revista correctísima y que ganas de echarla al caño, me cae.
En fin, no entiendo por qué esa pinche obsesión de los canales de pseudo ciencia gringos por parecerse cada vez más a una producción de Jaime Maussan; me quedo con lo rescatable: Mega Estructuras y Myth Busters.
Quisiera tener algo mejor que decir acerca de canal 11; éste era mi orgullo contra los exacerbados pumas en la sana y fina (en el agua clara, que brota en la fuente, chinguen a su madreeee, todos los de enfrenteeee ¡el que no brinque es puma!) rivalidad entre ellos y mi escuela: “nosotros tenemos un canal de tele chingón y ustedes no”. Pero desde que entró esa revelación cinematográfica de apellido Sariñana (autor de portentosas obras maestras como “Niñas Mal”) el canal de mi escuela se empanizó (de siglas PAN) y está empezando a caer profundamente también. Ya ni la ciencia ficción está padre; el canal ese de sci-fi es un mamada, empezando por el nombre.
Alguien rescate lo que queda de tele, plis; ni con MTV contamos desde hace muchos años, ya lo único que llego a ver ahí es South Park. Soy peligrosamente adicto a los internets y tengo que hacer otras cosas; help me.
P.D. Ha llegado un nuevo talento a la blogósfera, se trata de mi carrrnaaal; visítienlo y be gentle, plis. Está haciendo un relato a lápiz. Aparece en mi blogroll.
P.D. 2 Ahí les dejo este video pa que dejen de ver a Uri Geller y todos sus similares:

























